viernes, 26 de noviembre de 2010

La Virgen de los Sicarios (Resumen)

La historia comienza con Alexis, un chiquillo de 17 años pero que a pesar de su corta edad ya lleva varios muertos en su conciencia. Es un chico de barrio perdido y olvidado, sin familia, sin futuro y sin ley. Es un sobreviviente de uno de esos tantos grupos de sicarios, asesinos a sueldo que son contratados por los narcotraficantes para eliminar a sus enemigos, el conoce a Fernando, hombre que ya supera los 30 años de edad, comienzan a andar juntos y es así como el amor nace entre ellos a pesar de sus edades tan diferentes.

 Alexis se convierte en un ángel fatal y exterminador que deambula por las calles, complaciendo a Fernando y entendiendo su neurosis, tratando de limpiar a la ciudad de buena parte de sus moradores que molestan a su amor maduro. Elimina con su ‘tota’ o revolver a taxistas agresivos que ponen la radio a todo volumen, a punketeros ruidosos que no dejan dormir, a rateros sin importancia que solo hacen escándalo y toda clase de seres que solo de dedican a molestar a su amigo el gramático.

Alexis lleva 3 escapularios como todos los sicarios, uno en el cuello, otro en el antebrazo y otro en el tobillo, que son para que les den el negocio, para no fallar la puntería y para que les paguen. En eso se centra toda su vida. Las reflexiones de Fernando sobre Medellín, su gente, sus costumbres, sus gobernantes y su religión, todas esas cosas lo exasperan y solo se consuela con su amigo al que adora y lo llama ‘su niño’. ¡Dios es la gran gonorrea! grita el escritor cuando su neurosis llega a los extremos y comienza a justificar la manía de Alexis por matar a todos los seres que no merecen vivir.

Se acostumbra a los viajes de los martes al pueblo de Sabaneta, donde los jóvenes sicarios van a pedir protección a la virgen. Esos marginados que forman parte de la sociedad que llena a la morgue de cadáveres, a la ciudad de sangre y a las iglesias de asesinos. Alexis termina como todos los jóvenes sicarios: Asesinado y tratado como un cadáver más. El que a hierro mata, a hierro muere.

Fernando cae en depresión varios días y solo por inercia una mañana se baña y sale a buscar alimentos. Se encuentra con otro chiquillo, Wilmar, que también resulta ser sicario y el amor vuelve a nacer. Se resigna a que todos los chicos guapos sean ángeles exterminadores y sin futuro. Se siente con ánimos de vivir nuevamente hasta que descubre por casualidad que Wilmar, no es otro que el asesino de su amado Alexis.

 La duda, la rabia y el deseo de venganza hacen que trate de matarlo mientras duerme pero al fin se da cuenta que el es nadie para hacer justicia por su propia mano. No tiene esa calidad moral para juzgar a un chiquillo producto de una sociedad enferma. Entiende que se encuentra en una tierra sin ley y la única salida es perdonar a Wilmar y rehacer su vida con él en otro país, huir de esa ciudad violenta y vivir su amor sin sobresaltos en otro lado.

 Preparan sus maletas y Wilmar se va a despedir de su familia y a dejarles unos regalos pero, nunca regresa. Fernando reciba la noticia que Wilmar está en la morgue, víctima de un ajuste de cuentas y que debe de ir a reconocer el cadáver. Fernando acepta con resignación que en ese país el amor y los jóvenes no tienen futuro, que debe acostumbrarse a vivir en una sociedad violenta que se dedica al narcotráfico y que hasta celebran con juegos pirotécnicos cuando logran pasar un cargamento de droga a los Estados Unidos.

Asume la actitud de todos esos habitantes comunes de Medellín, que van y vienen sin saber porqué y en un acto involuntario aborda un autobús sin importarle donde vaya. Le da lo mismo. Termina la novela diciendo. 'Y que te vaya bien, que te pise un carro o que te estripe un tren’.

Jorge Javier Jordàn Patiño.

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